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El solsticio de invierno

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Exactamente a las 11:44h del día 21 de Diciembre, entró el invierno en nuestros hogares y con él llegan las entrañables fiestas de Navidad, Año Nuevo y Reyes. A través de estas líneas deseo a todos los lectores y amigos que  vuestros sueños se hayan hecho realidad y si éstos todavía no se han cumplido porque  estáis en ello, que el próximo 2017 os dé  la energía , fuerza y voluntad para que se cumplan.

Durante estas veladas de invierno en las que los días se oscurecen en un “plis-plas”, nos encontramos envueltos a nivel personal, familiar y laboral en una sucesión de fiestas que propician la compañía de los seres queridos con los que compartes momentos frente a una mesa repleta de sabrosos  y suculentos manjares cocinados amorosamente, y que en cierta manera te transportan a tu niñez. Son esos sabores, esos olores, los que te aportan sensaciones de cariño, ternura, calidez y en los que das valor al esfuerzo y trabajo de la persona  que ha decorado la mesa y la ha llenado de deliciosas texturas que combinan perfectamente y al agrado de todos los comensales. Son comidas que dan origen a tertulias, risas, emociones y brindis con una buena copa de cava y que finalizan la mayoría de las veces con un café o una buena tisana digestiva humeante. Estos días entrañables  forman parte de nuestras tradiciones familiares y que cada uno de nosotros transmite de una manera u otra a sus seres queridos.

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El valor de la determinación cuando tienes miedo

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El miedo es un amigo valioso que nos protege de muchas de las cosas que nos pueden hacer daño. También, si le dejamos, acaba tomando demasiada confianza y no nos permite adentrarnos en nuevos retos y aprender de esas experiencias.  En este post hablaremos del valor de la determinación que, cuando el temor nos bloquea y nos paraliza, nos da el arranque que necesitamos. ¿Cómo ponerlo en práctica?

De las etapas más cruciales de nuestra vida, diría que hay una que está repleta de miedos: El miedo que siente un Millennial cuando tiene que decidir qué hacer con su presente. En la época formativa estamos tan centrados en vivir nuevas experiencias, de “Bah, aún falta mucho para tener que preocuparme por mi futuro”, y tan acostumbrados a no hacernos ni una sola pregunta que cuando llega el último día de esa balsa de tranquilidad: no tenemos ni idea de lo que queremos en la vida.

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EXCUSAS, EXCUSAS… ¿Y AHORA QUÉ?

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Se disparó directamente vaciando el cargador por la boca. Soltó todas aquellas cosas que no le gustaban ni le convenían. Se encontró de lleno en un escenario que no planificó, del que ni tan siquiera realizó una simulación superficial.

Hizo lo que hacemos muchos, demasiadas veces: meternos en un jardín del que solo vemos el verde del césped y el colorido de las flores. Es el jardín que queremos retener en la mente sin plantearnos que antes de eso lo que habían eran piedras, lodo y malas hiervas. Es posible que no sepamos quién puso sus esfuerzos y que nos agarremos a lo primero que nos venga a la cabeza para explicar lo liviano de este análisis. Ya está, un poco por aquí y otro por allá para calzar explicaciones que no convencen a nadie. Con sinceridad, ni siquiera a nosotros mismos. Es la mera justificación. Un razonamiento con todas las pretensiones y ningún medio para sostenerlas. Sintió que había fracasado.
Alguien llega por detrás y dice aquello tan fácil de decir, cuando se le dice a otro: “A lo hecho pecho…” Y es verdad, te has despachado con todo lo que los demás podrían haber hecho por ti, para ti, pensando en ti, ayudándote a ti. Cosas que no les costaba nada hacer porque las tenían que hacer ellos. “¡Espabila cretino!”, insistes en poner parches a todos los actos ajenos, a las circunstancias, al tiempo y al espacio. A todo aquello que no depende de ti.

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¿CÓMO TE RELACIONAS CON TU CUERPO?

COMO TE RELACIONAS CON TU CUERPO

Este tema va unido de una forma intrínseca a la autoestima. Si no te amas, jamás lograrás amar a tu cuerpo. Hay muchos autores que hablan sobre aceptarse a uno mismo. Yo pienso que puedes aceptarte y a la vez estar en lucha con tu físico.
“La curva es bella”, “La talla 36 es perfecta”,” Qué tía más delgada y qué tremenda está”,” Ese tío está buenísimo, cómo se le marcan las abdominales”… ¿Os suenan?
Qué estresante es desde que te levantas hasta que te acuestas estar pendiente de lo que comes, o dejas de comer para poder aceptarte. ¡Cuánta energía invertida en algo inútil y por tanto desaprovechada!
Hay personas gorditas y delgadas. ¿Crees que puede hacerte más feliz no comer nada para pesar 58 kilos y que tú creas que a los demás les gustas? O como alternativa ¿Comer, aprendiendo a escuchar a tu cuerpo?
Es muy importante amar tu cuerpo, mirarlo frente al espejo, acariciarlo, aceptar cada centímetro de él. Si después de esto consideras que te gustaría mejorar algo, puedes empezar aprendiendo a comunicarte con él y con lo que comes. ¿Cómo se hace? Hay varias formas, yo compartiré algunas herramientas con las que trabajo:

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Balmes, la Pecera y Valores

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El rastro acababa a los pies de un viejo y afrancesado palacete, un edificio familiar y ajeno. Siempre que puedo me gusta caminar por ciertos lugares de Barcelona, y reconozco que Balmes es una vía interminable que me trae recuerdos de niña, cuando mis padres me llevaban al Tibidabo. Permanecí frente a la fachada, absorta del transitar y el bullicio de la Diagonal, hurgando en los valores de aquel edificio centenario, cubierto de arcos y ventanales desde los que parecía que una señora ataviada con un vaporoso vestido blanco y pamela, tal vez gesticulaba una especie de saludo,  o  tal vez, intentaba protegerse de un mediodía que rivalizaba con la blancura de su porte… Eran cerca de las doce y a esa hora me había citado con Onofre.

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LA TRISTEZA AYUDA A VIAJAR

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Por lo general, a nadie le gusta sentirse triste. Podemos huir de la tristeza, evitarla, ocultarla o incluso permanecer en ella mucho tiempo pero, ¿sabemos sacar beneficio por experimentarla?
Es una de las emociones más comunes que puede vivir una persona. Tiene la capacidad de ayudarnos a conocernos mejor. Mientras nuestro cerebro la recrea, instrumentalizamos el llanto como fórmula para alcanzar alguna forma de desahogo y alivio. Mantenerla en nuestra realidad cotidiana tiene efectos agotadores. Es capaz de aglutinar tanta tensión que podemos llegar a veces a sentirnos con un nivel tan extremo de tensión que nos impide la liberación de llorar.

Los aprendizajes más importantes de nuestra vida posiblemente sean resultado de esos procesos de introspección. Podemos encontrarnos con los perfiles más opuestos: Por un lado hay personas que conectan empáticamente con gente de naturaleza triste, mientras que a otras les resuena verlas hasta el punto incluso de sentirse molestos por la expresión de su emoción.

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TRATA COMO QUIERAS QUE TE TRATEN

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Una música suave suena de fondo, es agradable y me resulta familiar… Espera, es la melodía del despertador. Un nuevo día empieza y debo ponerme en pie. A mi lado sigue durmiendo nuestro pequeño tesoro, el príncipe de nuestro hogar. Al otro lado, un hueco en la cama me hace recordar un beso entre sombras, un “que tengas un buen día cariño” que he escuchado hace un tiempo indefinido y que hasta ahora, mis sueños habían omitido.

Me subo a la moto y llega la primera batalla: atravesar media Barcelona en hora punta… ¡Ésto es la jungla! Si aún quedaba algún resquicio de sueño en mí, tened por seguro que ha desparecido desde que me he parado en el primer semáforo. Calles en obras, camiones de limpieza que taponan calles, pitos y gritos de gente sin paciencia…

Ya sentada detrás del mostrador de recepción saboreo mi café con leche mientras empiezo a revisar el correo electrónico. El teléfono aún no ha empezado a sonar y rezo para que aún tarde un rato, así aprovecho para contestar mails y dejar el correo “al día” lo antes posible. La gente no para de entrar a la oficina para ocupar sus puestos de trabajo, y entre caras de sueño y “buenos días” escuetos suena la primera llamada del día:

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LIDERA TU VIDA A TRAVÉS DEL VALOR DE LA RESPONSABILIDAD

Lidera tu vida a través del valor de la responsabilidad

Últimamente utilizo mucho esta palabra: responsabilidad. Ser responsable de lo que hago, lo que digo, también de lo que dejo de hacer, de lo que no dejo a los demás hacer o que dejo que me digan o hagan… ¡Parece un trabalenguas!

En realidad el termino es muy amplio, implica una actitud ante la vida. Es como dar un paso al frente y una vez dado asumir las consecuencias, sean las que sean, y responder de las mismas.

Siempre me han dicho que soy una persona muy responsable… ¿Eso es bueno o es malo? A priori, se supone que es bueno, ¿verdad?

Y entonces me pregunto: ¿Qué ocurre cuando esa responsabilidad la llevas hasta el límite? ¿Qué ocurre cuando supones que todo el mundo es igual de responsable?

Tal vez tengas un amigo o hermano, alguien cercano, que siempre está dispuesto a tirar del carro, a involucrarse en cualquier actividad o tarea propuesta y que, además, una vez que se compromete, cumple. Es esa persona que tiene multitud de tareas, un montón de frentes abiertos y que en muchas ocasiones hace suyas responsabilidades que no le corresponden y en casos extremos, incluso llegan a ser controladoras y no dejan espacio para los demás. Fácilmente acaban desbordadas y con estrés, sin ser muy conscientes de que son, precisamente ellos mismos, responsables de lo que les ocurre… ¡Que contradicción! En estos casos tenemos un nuevo ingrediente en el cóctel, que es la necesidad de controlar para sentirse seguro.

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Revisa tus Valores

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Hay momentos en los que debemos  hacer un alto en el camino y valorar todo lo que hemos conseguido gracias a  nuestro trabajo y esfuerzo diario. A menudo realizamos nuestras tareas a medida que salen a nuestro encuentro y no nos paramos a reconocer el trabajo  que hemos hecho de manera rutinaria y del tiempo invertido para su consecución.

Quizás ahora es el momento para que te detengas y revises tus acciones. Coge una libreta y anota a diario todo lo que realices aunque creas que es insignificante. Lo escribes y esperas al día siguiente. Hazlo así durante un mes o dos y llegada esta fecha, te recomiendo que revises tu libreta y leas despacio lo que escribiste. Poco a poco, ve anotando los valores que ves o distingues en esas pequeñas acciones, momentos y vivencias que la mayoría de las veces has considerado insignificantes y realiza una lista con ellos. Verás y descubrirás con asombro que los valores forman parte de tu vida, que están implícitos en tu persona y que no se compran ni se venden, sino que están ahí, confirmando quién eres tú y hacia dónde vas.

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VALORES, ONOFRE Y FNAC

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Tras el verano, andaba la ciudad envuelta en el aire de la mañana; fresca y ligera. Mi despido atrajo  un inesperado deseo de descansar hasta el punto de desatender las pocas cosas que me gustaban, como escribir en el blog de algún amigo que no paraba de insistirme con inquietantes preguntas sobre cómo iba a resolver el futuro de mis facturas, tan primorosas como mi vientre, pensaba yo.

Decidida a empezar de nuevo, me acordé de  aquella voz que me asaltó cuando dejaba la Fnac para coger el metro: No hay nada como el metro, el lugar donde han comenzado muchos de mis proyectos. Me acostumbré al metro de muy joven,  al iniciar mis estudios de secundaria. Mi primer viaje a Londres comenzó en el metro que me llevaba a El Prat, donde conocí a una de mis grandes amigas.  También tuve un novio suburbano y nostálgico al que le gustaba quedar en el interior de las estaciones y no en las cafeterías.

Abandoné el metro en Urquinaona y me asomé a Plaza Cataluña, que a esa hora del mediodía vomitaba cada vez más transeúntes. Atravesarla me supuso tres cosas: echar de menos las campanadas de una vieja iglesia, sortear un mediodía devorado por tres soles obstinados en explicar el imperio de la gravedad en mis delicados tobillos, y conseguir una mesa libre junto a la Fnac.

Un café mitigó la espera de Onofre Carabell, un viejo compañero de mi segundo trabajo que en una década había llevado una escalada meteórica en el mundo empresarial barcelonés mientras otros, con la crisis, eran polvo de cenizas.  Me quería, o tal vez me deseaba, pero lo cierto es que siempre había mostrado un cierto interés paternalista en saber, de vez en cuando y a golpe de móvil, si mi vida iba bien.

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